que suerte
-Hola, ¿como te llamas?- dije yo, doblegándome a la humillación más asquerosa.
-Sergio- dijo él.
- Yo Pablo.¿Te importa que te presente a un amigo?.- dios, que vergüenza.
- No, en absoluto- dijo él con una sonrisa en los labios.
-Sergio,Salva- y allí los dejé hablando.
Toda la semana preparando mi cita con Salva y sus amigos para acabar presentándole a alguien. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Salva, el chico que una semana antes me dijo en una tienda:
- si hubiésemos quedado el domingo, habríamos hecho otras cosas, y no me habrían robado la cartera...
Ahora estaba embelesado con el tal Sergio, pasando de mí como de comer albóndigas. QUe bien, me encanta esa cualidad de mí que hace que las personas que me gustan acaben convirtiéndose en mis mejores amigos sin que pase nada. Increible. Pues yo lo siento por el próximo que venga, pero el kiosko está cerrado. Creo que un poco de maldad no me va a venir mal para sobrepasar los momentos difíciles como este. Aunque gracias a algo (no pongo a Dios porque no creo en él), es mi mayor problema, desearía que pasara a convertirse en algo mejor que un problema. Es decir, no tomarme tan a pecho estas cosas, que tener amigos siempre viene bien, de hecho es lo que queda cuando el resto de relaciones se van al garete...
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